18/1/09

LA OLA: la unión hace la fuerza

Se está desvelando el último cine alemán el mejor impulsor de historias que, bajo un esquema de ficción inspirada en hechos reales, articulan una tesis a la que se sujetan los personajes y sus conflictos. Creo que si se pensara en otras industrias ajenas a la germana, esta corriente didáctica como filtro de complejos entramados éticos probablemente perdería eficacia. Imaginar ramales mediterráneos de EL EXPERIMENTO (Oliver Hirschbiegel, 2001) o LOS EDUKADORES (Hans Weingartner, 2005) podría desactivar la gravedad que sustenta su vestidura ingenua, el motor crítico que impulsa relatos algo forzados pero contundentes. Tiene la idiosincrasia alemana algo que revierte en los modos de rodar, en la traslación a imágenes de sus excesivos puntos de partida, casi siempre germen del debate popular.

La reflexión ha calentado interesantes revisiones de los movimientos políticos vertebrales en un convulso siglo XX, como es el nacionalsocialismo en toda su amplitud tenebrosa. Si EL HUNDIMIENTO (Oliver Hirschbiegel, 2004), SOPHIE SCHOLL: LOS ÚLTIMOS DÍAS (Marc Rothemund, 2005), LA VIDA DE LOS OTROS (Florian Henckel-Donnersmarck, 2006) y EL ÚLTIMO TREN A AUSCHWITZ (Joseph Vilsmaier/Dana Vávrová, 2006) pincelaban el horror en su mismo seno de despachos y campos de infamia, hay otro modo de acercarse al pasado para asumirlo, repensarlo, usarlo de acicate intelectual y espejo de humanas contradicciones.

LA OLA podría encuadrarse en esa digna corriente no encauzada al reventón taquillero, más bien a activar una autocrítica necesaria hoy día. Se basa en hechos ocurridos en un instituto norteamericano, por lo que franquea los límites de la hipótesis atractiva per se. Más aterradora si cabe al articular el tramposillo guión una teoría que cobró forma como experimento elocuente de este tiempo huérfano de voces propias, terreno fértil para abono de liderazgos tan magnéticos como, a poco que se escarbe, siniestros. Lo que postula esta enérgica película es una realidad alarmante, la sabemos factible sin atender a fronteras, reconocibles en cualquier país los valores cuestionados. Un orden social y político que genera desencanto, búsqueda errática de resortes vitales para las nuevas generaciones, a las que fácilmente puede conquistarse. Afirma uno de los adolescentes de la historia lo absurdo de suponer el regreso de viejos fantasmas a la Alemania actual, pero no parece desmesurado admitir atropellos a la razón en una era posmoderna con roídos pilares a punto de desplomarse. No es la distopía sobre un futuro sombrío el alimento de la ficción evasiva. Es una posibilidad, con perfil y dientes afilados, chorro de luz sobre un presente de valores difusos, de miedos y derivas.

Dirige Dennis Gansel brioso, apenas se demora en mostrar las trazas de una alegoría escalofriante sobre los riesgos del poder autocrático que en su día ennegreció a Europa. La prueba semanal a la que un profesor -excelente el actor Jürgen Vogel- somete a sus alumnos testimonia la inutilidad de antiguos sistemas fascistas, apoyados en la fuerza de la identidad de grupo bajo el mando de un líder carismático. Es la idea esencial en un film recorrido por todo un arsenal discursivo que no llega a inflamarse, suficientemente trucado como está para enganchar a su obvio componente moralizante. Hay pequeñas golpes de efecto, giros eficaces en una trama sobre los riesgos de adoptar posturas unilaterales, sobre la uniformidad del pensamiento y la anulación de la propia mirada hacia una realidad maleable. Los posibles factores para legitimar el terror. La masa arengada desde tribunas de falacias en las que el ego del megalómano se obceca en acomodarse.

Gancho directo a la conciencia el que asesta el director, quien prefiere no ahondar en los flecos de su entramado y servirse de estereotipos con tal de que la narración fluya. El lenguaje es sobrio, tajante como una bofetada, aunque se hurga poco en las arrugas de un drama un tanto esquemático. Ni siquiera hay duda en forzar los conflictos para dotarlos de mayor calado, para que todo adquiera el tono de cine equipado con mensaje. De todas formas se agradece que quede esbozada la vida personal de algunos personajes, es así como logramos comprender el desfase entre la magnitud del proyecto y un entorno incapaz de asumir sus consecuencias. El resultado ofrece un análisis tan veraz como desolador de los feos contornos del pasado, poniéndose en duda los recursos del sistema educativo para alumbrar la peligrosa vulneración del orden democrático. Y apunta con mano diestra las posibles causas de un seguidismo irracional por parte de algunos jóvenes a unos regímenes de testada inconsistencia. Inmadurez, desarraigo familiar, deseo de adherirse al grupo, perpetuo inconformismo ante el sistema. Es previsible que despierte el interés permanente del espectador, animado a la meditación, sorprendido por el timón férreo por el que ir desplegando un material casi incendiario. Y también estimulante, diríase que obligatorio en la cartelera si se aspira -tarea honrosa- a repasar las cojeras de la Historia y dar cuenta de la gran mentira aferrada por algunos locos para dominar el mundo a su antojo. El cine de ínfulas políticas se mantiene aquí en el nivel de una sólido producto de entretenimiento. Del que deja poso, que ya es algo.

1 comentario:

redrum dijo...

Totalmente de acuerdo Tomás. El film crece por su temática, y se ve en exceso su maquinaria, pero no deja de ser efectivo y directo.

Por riesgo y comparación con el resto de la cartelera, es obligatoria.

Aparte, se hace agradable sentirse de nuevo en las clases del insituto!

¡1 saludo!