7/7/08

LÍBRANOS DEL MAL: dejad que los niños se acerquen a mí

Reza el proverbio que el que calla, otorga. Muchas veces el silencio se esgrime como coraza frente a la crítica popular cuando ésta puede dañar el prestigio, los intereses económicos, el poder. No rebatir esa condena sirve para hacerla verdad y activar la maquinaria legal con tal de aliviar el daño causado. Esta película estremecedora habla de un silencio histórico, años de oscuridad que vienen protegiendo a delincuentes respetables por el hecho de llevar alzacuellos. Es curioso que Amy Berg convenciera al padre Oliver O´Grady, confeso pedófilo irlandés, para hablar ante cámara y destapar uno de los más sangrantes ejemplos de ruindad humana. Su experiencia -en primerísima persona-, causante del lógico seísmo en la opinión pública, articula un relato necesario como pocos. Uno de esos testimonios siniestros, repletos de matices que estimulan la reflexión, pero, por encima de todo, el desprecio hacia el personaje. Porque no es fácil templar ánimos cuando este ejemplo vivo de buen cine documental toma su incómoda realidad y nos la muestra desnuda, irrefutable y brutal. El motivo de que sintamos el miedo congelando nuestra piel.

Más perturbadora aún resulta la frialdad con que el anciano desgrana sus actos de "protección", de "consuelo" hacia las víctimas, tan frágiles como él fue en otro tiempo. Escudado en el respeto y la confianza que inspiraba a las familias, O´Grady no percibía el delito -no digamos la aberración moral- en sus actos de abuso infantil, aunque el remordimiento y la duda por su debilidad le asaltara. El film alterna la confesión de un sacerdote arrepentido, a la búsqueda de perdón, con la narración de los antiguos niños, hoy adultos que arrastran las secuelas desconcertados porque su agresor reincidente ande libre por Irlanda. En esta balanza dramática nos mueve Berg, aunque delate la ausencia del tercer vértice de la discordia, la propia Iglesia Católica, bien resaltado el hecho de que declinó la invitación a exponer su postura. Es la pieza ausente que descompensa un retrato desolador, pero tampoco sorprende el mutismo de una institución que evitó pronunciarse, esquivó responsabilidades y pretendió acallar las voces que clamaban justicia para restañar heridas del pasado.Escorado hacia el lado más humano -emotivo, pues- de la historia, LÍBRANOS DEL MAL no rebasa el umbral de lo lacrimógeno y da cabida a su denuncia con el paso firme, angustiante, digno de repulsa que marcan los personajes de este cuento macabro. No hay manipulación del sentimiento, como tampoco la hubo en CAPTURING THE FRIEDMANS (Andrew Jarecki, 2003), otro documento devastador que mostraba la sórdida vida oculta de un padre de familia con tendencias pederastas. Asusta escuchar lo que escuchamos por saberlo fruto de la mentira y el abuso de autoridad moral de este ministro de Dios, quien era acogido por los feligreses en su ingenua visión del párroco como algo más que un asesor espiritual. No extraña que el padre de una de las niñas violadas llore desconsolado y falto de fé recordando al buen hombre que destrozó sus vidas.Surgen los interrogantes, la desazón, nuestra feroz implicación ante los límites de vileza que el ser humano llega a traspasar. ¿Pueden frenarse estos actos de mezquindad, de desequilibrio mental cuando la propia jerarquía eclesiástica los protege? ¿Qué compensación queda tras la pesadilla, el horror del que nadie se hace cargo? ¿Por qué se relaja el castigo penal hacia personajes como O´Grady, por qué el encubrimiento, por qué la ceguera? Es difícil dar con respuestas con material tan espinoso. La directora repasa las aristas legales, éticas y religiosas para que el criterio de cada espectador acabe por iluminar los sombríos rincones del relato. De esta forma, revela ciertas claves que pueden ayudar a entender lo incomprensible: el sentido del celibato, las carencias afectivas, los turbios mecanismos que favorecen el status de las altas esferas.
Las imágenes dejan su rastro elocuente y poderoso, dibujando el conflicto entre flaquezas y razón, el sentido de culpa, la expiación del pecado más intolerable de todos. Y el silencio. Tal vez la mejor herramienta de los poderosos para ocultar el tormento de los más indefensos.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Me parece muy muy fuerte que pueda justificar sus acciones un depravado, insolente y cínico ser humano. Bueno, eso de ser humano.....

redrum dijo...

Pues me la apunto... Mientras no sea un linchamiento gratuito ante postura tan obvia (cual Fahrenheit 9/11) creo que valdrá la pena. Los hechos los vemos cada día, pero el análisis y detalle de cómo se protege a estas personas sí vale la pena.

¡1 saludo y gran crítica!